El Mundo - El Día de Baleares. Jueves, 30 de junio de 2005 Actualizado a las 00:34

EN VENA
Cenando con los amigos

ROMAN PIÑA VALLS

 

Tengo que agradecerle a Maria Angels Obrador que me ponga en bandeja la oportunidad de hablar de cocina. Porque hablar de cocina de la mesa puesta y de los amigos que se reúnen en torno a ella. He de agradecerle a Maria Angels que haya publicado precisamente ahora este segundo libro de recetas de cocina, (La cuina mallorquina de Maria Angels Obrador, Lleonard Munaner Editor), porque me da una excusa más para hablar de Avelino Hernández, cuyo último libro Mientras cenan con nosotros los amigos es lo más recomendable que ha caído en mis manos desde hace años. No debe ser una casualidad que Maria Angels estuviese en Miramar hace tres sábados en el homenaje que se le rindió a Avelino. No sé si cocinó para él, si cenó alguna vez con él bajo la parra, si le dio clases de cocina, o si acudió allí sólo como fan de su literatura. Sobre la mesa del taller literario de Avelino se cocinaron y recalentaron historias maravillosas, personajes inolvidables. El libro de Obrador nos trae un buen puñado de recetas que deben ser pronunciadas como fórmulas mágicas para reunir ante la mesa a los amigos. El rito de la cocina tiene algo místico. Lo cocinado nos convoca a una dimensión de privilegio, de bienestar supremo, en la que con guante de seda se nos expone al milagro del encuentro humano. Maria Angels, al cocinar y al compartir sus recetas, ejerce un sumo sacerdocio comparable al del poeta que, rara vez, consigue hacer diana con sus palabras.

«Y uno va comprendiendo el valor de la vida por el número de amigos que ya no vendrán a cenar con nosotros», dice Avelino Hernández. No hubiese existido nunca el prodigioso libro de Hernández sin el arte de cocinar. El arte de Obrador se junta con el arte de Hernández para hacer posible la amistad, porque ambos artes tienen sentido sólo como cantos a la amistad. La receta del tumbet, o de las truites al rom de Maria Angels, tienen tanto poder como las páginas más inspiradas de Hernández. El libro póstumo de Hernández nos relata cómo en el transcurso de una cena, un personaje fascinante, Carlos Altés, se las arregla para librarse del Egregio Senador y su joven esposa, invitados a la mesa. Una receta de cocina puede ser tan eficaz para expulsar demonios como el exorcismo verbal más barroco, o como el relato cocinado por una inteligencia exquisita como la de Avelino. No es fácil emular en un relato la misma sorpresa que nos depara una croqueta, puro misterio hasta que la mordemos. Siempre he creído que un escritor nunca puede ser tan querido como un cocinero. Avelino ha resultado ser la excepción. Yo mañana ensayaré las berenjenas con jengibre de Maria Angels.