CULTURA
La editorial Candaya publica una obra póstuma de Avelino Hernández
'Mientras cenan con nosotros los amigos' es un conjunto de historias y personajes prologado por Julio Llamazares
ANGÉLICA TANARRO/VALLADOLID
Avelino Hernández. / A. E. CAÑO
EL LIBRO
'Mientras cenan con nosotros los amigos', de Avelino Hernández.
Editorial, Candaya.
Páginas, 310.
Precio, 16 euros.Toda la obra literaria de Avelino Hernández (Valdegeña, Soria, 1944-Selva, Mallorca, 2003) tuvo un argumento principal: dar respuesta a la pregunta de cómo vivir. Buscó esa respuesta para sí mismo y la buscó para todos cuantos le rodeaban, ya fueran amigos, ya potenciales personajes de sus novelas, o ambas cosas a la vez. En ese intentar encontrar el hilo del sentido de la existencia, unas historias caían del lado de la concordancia entre los deseos y la realidad, de la sabiduría de su entronque, y otras componían el lamento del sentimiento trágico de la vida.
Una de las que cayeron del lado más luminoso fue 'Mientras cenan con nosotros los amigos' que, a pesar de no ser su última obra, había quedado inédita a su muerte. La editorial Candaya la recupera ahora tal y como la dejó su autor, a excepción de una carta final dirigida a uno de los personajes que circulan por el libro, que su mujer, Teresa Ordinas, y sus amigos han decidido incorporar al texto. Julio Llamazares, colega además de amigo, hace un prólogo certero de una obra que «pretendiendo ser una confesión sin más, un resumen de conceptos e ideas (los que movieron a Avelino Hernández toda su vida de escritor), se convierte, empero en una intuición, en un barrunto sombrío de una muerte que ya entonces comenzaba a planear sobre su sombra».
Un texto en el que por encima de todo se canta a la amistad, ya desde el título y la cita de Epicuro que sirve de pórtico: «De los bienes que la sabiduría procura para la felicidad de una vida entera, el mayor con mucho es la adquisición de la amistad». Los amigos llegaban a la casa de Avelino cargados de historias y esas historias a su vez engendraban otras y el placer de contarlas, aderezadas con un buen vino, era en sí mismo un homenaje a la literatura oral que luego se convertía en materia prima de sus obras.
Además de la amistad, Avelino Hernández era un degustador de los placeres sencillos de la vida y un observador cualificado de cuantas maravillas nos depara la naturaleza a nada que le dediquemos unos minutos para entenderla. Por eso el libro, en línea con su obra literaria anterior, tiene algo de acta de un mundo que retrocede. Dentro de unos años, cuando los hipermercados y las autopistas llenen hasta el último rincón donde anidaban las aves o sesteaban los lagartos, cuando ya nadie siembre a mano la tierra, si es que alguien lo hace todavía, será necesario recurrir a la literatura de quienes muy a su pesar se convirtieron en notarios de una vida que ellos solo querían disfrutar en compañía.
Nostalgia
El libro recupera el tono optimista de obras como 'Una casa en la orilla de un río', aunque se lea inevitablemente con un regusto de nostalgia, ahora que sabemos que, poco después de concluirlo, conoció el alcance de su enfermedad irreversible. Editorialmente hablando, llega después de su última novela,'La señora Lubomirska vuelve a Polonia', que Espasa publicó en el 2003, y que supuso, según reconoció el propio autor, una ruptura en su trayectoria. Ruptura que ahora no puede ser confirmada ni desmentida por otros libros que bullían ya en su cabeza y en su mesa de trabajo.
Escrito con su prosa lírica y aparentemente sencilla, salpicada de palabras que van quedando en el olvido, 'Mientras cenan con nosotros los amigos' quiere decirnos algo. Algo tan simple y tan complejo como lo que el cabrero portugués Xosé Vieira Pires les dijo una vez al escritor y a su esposa: «La vida está hecha de muchos momentos presentes, uno después de otro. Vivir es ir paciéndolos con bien, uno después de otro».
La vida, esa obra de arte, la única que Avelino Hernández consideraba que merecía la pena firmar. La suya fue coherente. Como su literatura.
El Norte de Castilla,
Martes, 26 de abril de 2005http://servicios.nortecastilla.es/pg050426/prensa/noticias/Cultura/200504/26/VAL-CUL-205.html