Presentación de la editorial Candaya

Joaquín Benito de Lucas

Biblioteca José Hierro, Talavera de la Reina, 30 de abril de 2004


Mis primeras palabras quiero que sean de satisfacción al presentar una nueva editorial que con gran entusiasmo y energía se lanza al competitivo y, para muchos, cerrado campo de publicaciones literarias.  

El proyecto, ya hecho en parte realidad, tiene la solidez de lo detenidamente meditado; la bondad que supone recuperar del olvido valores prácticamente ignorados y descubrir nuevas voces dentro del mundo de la poesía hispano-americana, y la audacia de aventurarse en este viaje a lomos de un Clavileño literario hacia el famoso reino de Candaya, nombre que en honor de Cervantes y su Don Quijote toma esta editorial.  

En ella no habrá disfraces, ni engaños, ni mujeres barbudas, ni más encantamiento que a los que den vida los autores con sus obras en las tres colecciones -poesía, novela y ensayo- y hagan vivir a los lectores.  

Aventura difícil, como todo lo relacionado con el mundo de la literatura, tanto lo que representa el escribir como la que constituye el publicar. Ya lo dijo Blas de Otero en un soneto de su libro "Redoble de conciencia".  

Porque escribir es viento fugitivo

Y publicar, columna arrinconada.

Digo vivir, vivir a pulso, airada-

mente morir, citar desde el estribo.  

Por eso, y por otras muchas más razones, creemos que las publicaciones de la Editorial Candaya no serán nunca "columna arrinconada" ni estarán a "tres mil y tantas leguas" de los lectores, como dice Sancho que se encuentran Candaya del castillo de los duques.  

Y por lo publicado hasta ahora, y que yo conozco, lleva ese camino.  

La colección Candaya-Poesía se ha iniciado dando a la luz una amplia antología del poeta paraguayo, nacido en 1926, Elvio Romero, bajo el título "Contra la vida quieta", y un poemario del poeta argentino Antonio Tello (1945) titulado "Sílabas de arena".  

Elvio Romero es un poeta de amplia obra que surge en el panorama de la poesía de Paraguay en los años cuarenta. De hecho, pertenece, como dice José Vicente Peiró en el excelente prólogo que encabeza la antología, a la Generación de 1940 y que según el prologuista, esta Generación "era la hija paraguaya del 27 español".  

A este respecto, quisiera hacer unas consideraciones que creo que servirán para situar el contenido de la obra de Elvio Romero.  

En la historia reciente de la poesía española tenemos también una Generación de 1940; es la que surge inmediatamente después de la guerra civil. Pero entre esa Generación de 1940 y la Generación del 27 existe en nuestra poesía una generación intermedia, la Generación de 1936, que actúa como puente entre la Generación del 27 y la Generación de 1940, y en la que se incluye a Miguel Hernández, poeta tan admirado por Elvio Romero.  

En esta Generación de 1936, que Ricardo Gullón denominó "generación escindida" a causa de la dispersión de sus componentes con motivo de la guerra civil, se comienza a abandonar las posiciones esteticistas de los poetas del 27 para situarse en el campo de atracción de una lírica que propendía hacia preocupaciones humanas y planteamientos de carácter religioso que acercaban a los poetas que la componía a las actitudes de autores como Miguel de Unamuno y Antonio Machado.

En la Generación de 1940 española, la poesía se abre a nuevas experiencias lírica como son el neogarcilasismo, representado por la revista madrileña "Garcilaso" , el esteticismo lingüístico que practicaban los componente de la revista cordobesa "Cántico", la poesía existencial que se reunía en torno a los poetas de la revista santanderina "Proel" y, por último, la poesía comprometida de carácter político y social que se publicaba desde la revista leonesa "Espadaña".  

Desde esas consideraciones y viendo los temas tratados con más frecuencia e intensidad por Elvio Romero, no dudaríamos en integrarlo en la también Generación de 1940, pero en este caso española. Porque su obra, compuesta de 13 libros, que va desde 1948, fecha de la publicación de su primer libro "Días roturados", hasta 1994, fecha de su última obra hasta ahora, "Flechas de un arco tendido" recoge todas esas preocupaciones y experiencias que los poetas españoles reflejaron en sus obras, particularmente las que orientaron sus versos hacia lo testimonial, social y político.

Con razón dice José Vicente Peiró en el prólogo antes citado de la antología "Contra la vida quieta":

"Elvio Romero es un poeta de la vida, simbolizada por el fuego en sus composiciones, de la vida posible y plausible, donde reine la justicia, la camaradería y el amor. Elvio reivindica la fantasía, pero no la que se destina a adormilar conciencias, sino aquella tan necesaria, especialmente en su maltratado Paraguay, que las despierta y las vuelve reivindicativas".  

La segunda obra publicada por la Editorial Candaya dentro de la Sección de Poesía es la titulada "Sílabas de arena" de Antonio Tello, poeta argentino nacido en 1945.  

Lo primero que quiero destacar de este libro es el acierto del título. "Sílabas de arena" es una sugestiva propuesta entre la escritura que se descompone y la materia que se desintegra, entre el balbuceo de la expresión y la descomposición del pensamiento.  

Dice Cristina Peri Rossi en el inteligente prólogo al libro, que la función de la poesía, según Antonio Tello, es "Conjurar el olvido". Así leemos en el poema "Éxodo (I):  

"Llueve y la lluvia anima las almas al olvido"  

Pero a pesar de ese olvido, no se pueden librar de vivir encerrada en el pequeño círculo de la existencia como en un perdido Paraíso del que nadie puede escapar. Es como el "Huit clos" sartriano o como el aula machadiana del poema "Recuerdo infantil" donde los niños-hombres, sitiados por la lluvia-tiempo escuchan la voz de la junticia-injusta y desgranan la angustia de existir en una monótona cantinela que representa al también machadiano verso "Hoy es siempre todavía".  

En el Paraíso de Antonio Tello "La angustia que no oprime es Dios".  

En los poemas "Retorno" así como al principio del titulado "Creación", encontramos una visión del alma que nos hace recordar la teoría platónica sobre la misma. Al unirse alma y cuerpo, ésta posee conocimientos innatos que se oscurecen con tal unión. El cuerpo ciega al alma.  

Así el sujeto lírico dice:  

"La experiencia de nacer perturba al alma."  

Y en el cuerpo perecedero el alma que es inmortal, se va oscureciendo a consecuencias de su caída dentro del mundo de los sentidos.  

Al alma le trastorna la mirada que le enseña la fínitud.  

Pero el saber del alma es el recuerdo en el que se basa la teoría de la reminiscencia, con lo que Cristina Peri Rossi tiene razón al afirmar, como ya hemos dicho, que la función de la poesía según Antonio Tello es "conjurar el olvido".  

También en "Creación", Cristina Peri Rossi observa el carácter vanguardista de esta última parte del libro y menciona notables antecedentes de esta forma de hacer poesía desde Apollinair hasta Octavio Paz. Yo quiero mencionar en esa ilustre nómina de poetas de vanguardia a nuestro Gerardo Diego que con sus dos primero libros "Imagen" y "Manual de espuma" contribuye, junto a Vicente Huidobro a dejar notables ejemplos del creacionismo en la poesía del 27.  

En fin, estas "Sílabas de arena" son una muestra de una de las corrientes líricas en la que el posicionamiento ante la realidad se hace a través de un pensamiento lúcido, una experiencia de lo perecedero y un lenguaje sobrio que se origina dentro del proceso de la creación lírica y que con ella se destruye. Lo demás es silencio.

 

Joaquín Benito de Lucas

Talavera de la Reina, 30 de abril de 2004