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Un asesinato, cuatro personajes fascinados por la literatura, un
retrato al submundo limeño y un ejercicio estilístico propio de un
cámara minucioso. El autor peruano llega a Palma con ´El círculo de
los escritores asesinos´
LOURDES DURÁN. PALMA.
Hay una cierta tradición literaria de matar en ficción a algunos de
los protagonistas habituales del universo literario: escritores,
críticos, agentes. Tomas de Quincey fue más lejos, mucho antes, y
desde la literatura perfiló el asesinato como un arte. Diego Trelles
-Lima, 1977- bucea en el "parricidio literario" porque "para
encontrar tu propia voz, uno intenta apagar la del maestro". Palma
asistió ayer a la reunión de El círculo de los escritores asesinos,
novela de Trelles editada por Candaya, y con un prólogo del reciente
premio Alfaguara, Santiago Roncagliolo.
El libro está hecho en base a cuatro manuscritos que maneja un
enigmático personaje, Alejandro Sawa, escritor que ya en el inicio
pone en jaque al lector: "Lo que está a punto de leer no es una
novela sino un documento testimonial". Trelles explica: "Juego con
la duda, con descolocar al lector desde el principio. La novela está
articulada en manuscritos y las notas a pie de página es para dar un
ficticio aire enciclopédico. Que parezca clásico desde la parodia.
Así cuestiona mi autoridad como autor".
Tres hombres y una mujer integran el Círculo, que los concentra por
su denominador común: su pasión por la literatura y el cine. Un
asesinato, el del crítico García Ordóñez, en el fondo de un pozo
negro. La huella de Julio Cortázar, del Círculo de la Serpiente de
su novela Rayuela, gravita en Trelles. "Sí hay un cierto homenaje a
Cortázar, sólo que este círculo es versión Perú, el de la Lima más
underground. En Rayuela se invita al lector a muchas direcciones. Me
interesó que desde el boom se hiciera partícipe al lector".
Diego Trelles vive en Austin, Texas. Allí imparte clases y escribe
crítica cinematográfica y musical. Perú le sale en la tinta: "Hay
mucho de la realidad de Lima oblicuamente. Es el Perú de Alan
García, Fujimori pero mi mirada es subterránea, hacia los
desplazados. Aún así, los escritores protagonistas están
desplazados, los manuscritos llegan desde Austin, África, el Caribe
y Lima. Mi afán en literatura es totalizador no se ciñe a Perú". Se
separa, entonces, de ciertos ´padres´ como Bryce Echenique o Julio
Ramón Ribeyro y coetáneos como Jorge Baily. "Bryce ridiculiza a la
burguesía limeña a la que él pertenece y Baily también; éste a
partir de la homosexualidad en un país tan machista como el mío. En
mi caso mi relación es más cercana al primer Bruce al de Huerto
cerrado. Baily es un escritor mediático".
No obvia, quizá porque no puede o quiere, el cine en su cocina
literaria. "Las técnicas de cine son primordiales en la estructura
de la novela. Me sorprendió mucho Godard como rompe las
continuidades, sus cameos. Le dio libertad a mi literatura". La
impronta cinematográfica en El círculo de los escritores asesinos
tiende un puente al western Grupo salvaje, de Sam Peckinpack. "Es la
lealtad en el grupo y cómo se destruye. Tiene que romperse para que
funcione la trama", recuerda Diego Trelles.
Roberto Bolaño es mencionado en varias ocasiones por el escritor,
aunque reconoce estar fuera de la huella. Con todo, "quise conocerlo
y cuando estaba en Burdeos, escribiendo esta novela, le envié una
carta porque no quería un contacto por mail. No supe de él hasta que
un amigo común le habló de mí y él contesto: ´¡ah, Trelles. Es el
que escribe con humildad!" Era lo que necesitaba en aquel momento y
quise conocerlo. ¡A los tres meses moría a los 50 años!", Tras el
relato, concede que "si uno quiere ser escritor, no puede ser
epígono de ningún otro".
El hombre de los ´Cachorros´
Pasa de puntillas por Mario Vargas LLosa hasta ser interrogado sobre
el silencio. "A mí me influyó mucho. Después de leer Los cachorros
decidí ser escritor, sólo que se me acabó de alguna manera. Sigo
pensando que es uno de los mejores. En mi libro hay un homenaje
ambiguo a él cuando dos personajes le esperan, quieren verlo,
siempre desde abajo. Vargas Llosa es el padre literario para una
generación anterior a la mía".
Autor de Hudson el redentor (y otros relatos edificantes sobre el
fracaso), Trelles admite "ver las cosas como entornos literarios. Me
gusta pensar mi mundo literario como algo redondo. En esa novela hay
muchos guiños-juegos. Me interesan las historias cruzadas, las
entradas de personajes que no vuelven como Hitchcock hacía en sus
películas".
Incondicional del Quijote de Cervantes -"es la mejor novela de toda
la historia"-, conoce España "incluso tuve una novia en San
Sebastián", y concede que "cruzar el charco para los escritores
latinoamericanos nos es muy difícil pese al talento y al buen
momento de literatura que hay ahora en Perú". De ahí su
agradecimiento a la editorial
Candaya,
que le ha editado y lo presenta en España. "La gesta Candaya es
heroica, viaja conmigo. Paco Robles me dijo cuando me contó la idea
de la editorial que era una apuesta al vacío". Olga de la editorial
sonríe. Planean ya una viaje a Perú para presentar allí El círculo
de los escritores asesinos, una novela o no, llena de claves
limeñas, de guiños al mundo cruel que rodea las letras.
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