Encuentro Editoriales Independientes Iberoamericanas en Buenos Aires.
Jornadas de trabajo coordinadas por Jorge Fondebrider
Participan: Álvaro Lasso (Estruendomudo, Perú), Esteban Hincapié (Babilonia, Colombia), Olga Martínez / Paco Robles (Candaya, España), José María Espinasa (Sin nombre, México), Silvia Aguilera (Lom, Chile) Damián Tabarovsky (Interzona), Américo Cristófalo (Paradiso), Adriana Astutti (Beatriz Viterbo) y María Medrano (Voy a salir y si me hiere un rayo).
Resumen
El encuentro entre editores independientes iberoamericanos fue básicamente un diálogo en el sentido estricto del término: un ida y vuelta a través de las diferentes cuestiones que dan forma a esta profesión, a las dificultades en las que se encuentran insertos por su carácter de independientes al margen de las grandes corporaciones.
En la primera jornada los diferentes editores se dedicaron a hacer una presentación de sus propias editoriales. Todos se enfrentaron a la pregunta que se refiere a la cantidad y a la calidad: ¿tiene sentido que una editorial pequeña crezca demasiado? La discusión parece ser eterna. O bien poca producción y de calidad, o bien, más cantidad pero con el peligro de que se vaya de las manos. Por otro lado, se planteó otro problema: una editorial, por el hecho de ser independiente, no garantiza que lo que se edite sean libros de primera línea, así como una gran firma, por el hecho de su capacidad comercial, no está exenta de la posibilidad de buenas publicaciones.
Más adelante cada editorial se dedicó a abrir el panorama hacia las realidades editoriales de cada país. Así, el mexicano José Mariá Espinasa de editorial Sin nombre dio cuenta de un fenómeno singular que se vive hoy en su país: en los últimos años México ha sufrido una caída del 50% en la cantidad de librerías, dejando sólo quinientas librerías con vida a lo largo de todo su territorio. Un fenómeno similar se vive en Perú, de acuerdo con la exposición de Álvaro Lasso de Estruendomudo. Frente a este estado crítico las publicaciones independientes han debido inventar formas de supervivencia alternativas que reemplacen a ese espacio tradicional de comercialización en decadencia.
Diferente parece ser la problemática en países como España, Chile o Argentina. En el país Ibérico, por ejemplo, el mercado editorial está afianzado. Para los editores de Candaya la dificultad es que el público acceda a autores latinoamericanos que no sean los que se comercialicen por las grandes firmas. En Chile y Argentina, de acuerdo con Silvia Aguilera (LOM, Chile) Damián Tabarovsky (Interzona), Américo Cristófalo (Paradiso), Adriana Astutti (Beatriz Viterbo) y María Medrano (Voy a salir y si me hiere un rayo), después de un periodo favorable en cuanto a la incursión de las editoriales independientes en el mundo de las publicaciones, la dificultad está en proyectar las formas viables de no sucumbir ante el dominio de las grandes corporaciones. En otras palabras, se planteó el “crecimiento” como problema. Para Américo Cristófalo, el editor independiente agota sus fuerzas en el hecho de hacer buenas publicaciones, de forma tal que no logra cubrir las otras cuestiones, referentes a la distribución, a la presión política: todo lo relacionado a la gestión, que tan bien funciona en las grandes corporaciones, suele escapársele al pequeño editor.
Esa dirección fue la que se retomó durante la segunda jornada del encuentro: una discusión a cerca de los puntos en común y de las respuestas o pasos a seguir frente a las realidades descriptas anteriormente. En última instancia, se intentó hacer una traducción de los temas teóricos a los temas prácticos.
Así, por ejemplo, la representante de LOM propuso una forma de enfrentar a las transnacionales y a las empresas con sed de expansión, que consiste en lograr acuerdos entre las diferentes editoriales independientes de Iberoamérica para cooperar tanto en la distribución como en la edición: se comparten los autores, y la edición se adapta a cada sello, de forma tal que se logre abrir la circulación de diferentes autores desconocidos a todo el continente. Si bien eso podría cooperar al flujo entre los distintos países, la dificultad radicaría entonces en crear las condiciones para que ese tipo de lector exista. Coincidieron en que si ya poner a ciertos autores en funcionamiento en el ámbito local es de una gran complejidad, este problema se verá incrementado más allá de las propias fronteras.
Esta discusión se abrió hacia otra que incluye a toda editorial independiente: ¿cómo se constituye un catálogo?, ¿se debe editar lo que a uno le gusta? Teniendo en cuenta que muchas veces las pequeñas editoriales suelen estar dirigidas por sus propio dueños, esta problemática se instala en la categoría de “gusto”: “Publicamos lo que nos gusta y lo publicamos de manera militante”, opina José María Espinasa. Esta necesidad de publicar para cubrir cierto vacío cultural es uno de los elementos que involucra al editor independiente, según Noe Jitrik, que formó parte del público. La otra, que confiere a la situación una dimensión paradójica, es que este tipo de editor se ve rápidamente inserto dentro de las leyes del mercado, por lo que se ve obligado muchas veces a publicar lo que puede.
Las jornadas se cerraron con una serie de propuestas para la cooperación entre las diferentes editoriales independientes iberoamericanas. Incluiremos algunas a modo de ejemplo. Por un lado, deberían crearse puntos de visibilidad de los textos de otros países: podría haber un trueque entre las pequeñas editoriales para intentar vender más allá de las propias fronteras. Por otro lado, se planteó la posibilidad del mejor aprovechamiento de las nuevas tecnologías: en vez de transportar quinientos ejemplares de país en país, se podría enviar un archivo PDF para imprimir en cada visita. Por último, dado el hecho de que se comparte la lengua castellana se deberían compartir los catálogos de las distintas editoriales.
Dialogo, entonces, en el sentido estricto: un ida y vuelta que no se detiene, y cuyos frutos aun están por verse.