Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo (Candaya 2006)

Por Nelson Rivera

El Nacional, 13 de enero de 2007


Uno. Nocilla dream es un artefacto de la hiperconciencia. Más que un narrador, diría que Agustín Fernández Mallo, su inventor, es una permeable sensibilidad inscrita en las ondas, las fugas, las oscilaciones de nuestro tiempo. Aunque he quedado atrapado entre las múltiples historias y las pequeñas piezas que conforman su ensamble narrativo, puesto que se trata de ficción de hecho, él la llama `docuficción?, y que bajo el rigor del bibliotecario ella seguramente será clasificada como `novísima narrativa española del siglo XXI?, en la habitación donde trabajo es probable que Nocilla dream ocupe un lugar preponderante en la pila donde atesoro los libros necesarios para pensar nuestro tiempo: aquellos que viajan de George Simmel a Charles Taylor, de Michel Maffesoli a Moisés Naím. Libros que hablan de transeúntes, de lo que deambula, de lo que ocurre fuera de los registros.

Dos. Tal es la lucidez que despliega, que de algún modo Nocilla dream es también su instructivo, su taller de interpretación. No es necesario buscar las herramientas de análisis fuera de sus páginas: dispuestas en los lugares menos previstos, con sutileza y naturalidad, Fernández introduce los instrumentos, palabras o textos que hablan de bordes, zonas híbridas, espacio tangencial, principio de superposición, producto de mezcla, arte futuro, nodos y otros dominios que le arman un marco comprensivo a su innovadora narración.

Pero no sólo eso. Su penetrante visión de la vida de hoy le permite pasar más allá y aproximarse a lo que todavía crece en el reojo de la realidad: seres de solitaria soledad, emigrantes, gente apenas visible que cumple con mínimas y despojadas rutinas, vidas casi anónimas que se fugan de sí y se desplazan almas centrífugas, o que regresan hacia sí mismos y se encierran almas centrípetas, como si la modernidad no fuese sino agonía, estatuto irremediable, armatoste que provoca o compasión o programa de primeros auxilios o sonrisa sardónica o guiño de ojo o desafuero crítico o extraordinarias ejecuciones como Noci lla dream. Y aunque es posible que a su planificador, en esencia un poeta, no le gustará que le atribuyan la responsabilidad de diagnosticar al mundo contemporáneo, si alguna posibilidad me lo permitiese, gustoso le enviaría su libro a Zygmund Bauman cuya metáfora de lo líquido parece hacer aguas, a Richard Sennett y a otras mentes privilegiadas, ahora mismo en lucha por entender qué nos está pasando en el planeta.

Tres. Docuficción, novela ensamble o novela red, ella ha sido planificada Fernández Mallo, además de inventor y ejecutor de Nocilla dream, es su brillante gerente de planificación estratégica como sucesión de fragmentos de vida, pedazos de noticias, citas de fuentes científicas y otras piezas de lo conciso y lacónico. A sus nodos no es posible aquí hablar de columna vertebral, están conectados links, insertos, archivos adjuntos, acciones de personajes únicos, virus, cabos sueltos y las huellas de pequeñas tribus. Pero, he aquí la emer gencia de una peculiar belleza: todo este material de apariencia dispersa está conectado en el mundo global. Porque estas discontinuidades o hilos cuyo relato culmina de forma abrupta, no son excepcionales: están vinculados, interrelacionados, son traza de humanidad semejante a otra humanidad semejante a otra humanidad semejante y así, sucesivamente que transcurre aquí y allá, a despecho de si ellas parecen aleatorias, ajenas, perdidas de un posible centro, de una ilusoria institución. Lo esencial de Nocilla dream es que cada pieza es su epicentro. Cada instante su decisivo.

Cada escena su sello. Experiencia de lo fractal Nocilla dream es transobra. Su personaje principal, la propia novela, su inquietante personalidad.

Cuatro. Promedios, tasas, simetrías numéricas o de la conducta, hábitos que se cuantifican o se describen, principios de exactitud, lo binario convertido en un versátil tejido que se cuela por todas partes. Datos, precisiones: Fernández Mallo funge también como Analista de sistemas de Nocilla dream y la impregna toda de su pasión por lo numérico. No la aplasta. Al contrario, su metafórica de la ciencia dota al relato de una poesía distinta, la concurrencia de las probabilidades, los hábitos, lo que circula incesante, lo excepcional y lo que se constituye en paradoja. Todo ello está en íntima relación con el peculiar modus operandi de sus personajes: a menudo sus gestos, sus abandonos, sus decisiones ocurren en un plano fundamental: no actúan para otros, sino para sí mismos. Sus gestos están desprovistos de espectadores: nadie les ve. Están solos. Y es en ese silencio cuando rompen, cuando deciden desplazarse, cambiar de vida, largarse. Una cifra peculiar de su narrativa es el papel que `el otro? tiene en Nocilla dream: o no existe, o se largó antes, o apenas encarna una figura autoritaria. Fernández Mallo en su rol de Asesor mayor de ciencias de la conducta, benévolo analista, les ha otorgado un campo de acción, un cierto albedrío. Son gente que ha roto. Capaces de interrumpir su propia e íntima secuencia. Dispuestos a tirar sus propios zapatos en una carretera de Nevada, al ramaje de un álamo. Que bien podrían comenzar de nuevo la vida la negación, el brochazo de tipex sobre el prometeico delirio de la modernidad.

Cinco. No será posible en el espacio que me queda hacer ni siquiera un vuelo rasante por las prácticas de los otros Fernández Mallo presentes en Nocilla dream el Operador de las calderas que suelta con tino y pausa sus finas tajada de humor negro; el Degustador de Plausibles que nos propone un divertimento: qué hubiese ocurrido si la muerte del Ché Guevara no hubiese sido sino un montaje y el hombre anduviese todavía por ahí, en centrífugo desplazamiento; el comedido Director de arte, quien ha creado una red narrativa limpia, nítida y de múltiple significación; el Director de Edición, quien ha escogido con impecable motricidad los sueltos que ha encajado en el conjunto. Quiero sí, porque se aproxima el punto final de mi comentario, referirme al Poeta, al Cosmonauta que ha urdido este hito o, mejor, este libro que, según me atrevo a arriesgar, se convertirá en un hito de la narrativa en castellano del impaciente siglo XXI.

Seis y final. Nocilla dream contiene en su a la vez compacto y abierto ensamble, la pregunta secreta y casi silenciosa por el destino de la civilización. En eso consiste su irrepetible maravilla, su estupenda perplejidad. Tenue y honda belleza: su exploración del sinsentido, del modo en que regresan inamovibles o alteradas las cosas en la maquinaria posmoderna. La soledad de sus figuras no lo es tanto con respecto a sus semejantes: lo es ante la vastedad de lo celeste, lo terreno, lo digital, lo virtual, lo paralelo, lo multidimensional. Nocilla dream es una pregunta por la rotación y la reinvención. Por la posibilidad de comenzar una vez más. Ni más ni menos.