EL SUEÑO DE CANDAYA

Laura Grau

Quimera, nº 246-247, julio-agosto de 2004


Candaya es el nombre de ese reino fantástico al que se dirigen, montados en Clavileño, don Quijote y Sancho para acabar con los hechizos del gigante Malambruno. Pero también el de la aventura editorial que han emprendido Olga Martínez y Paco Robles , dos profesores de literatura de Arenys de Mar que, según explican, "pretenden luchar, desde una posición modesta, contra esos otros maleficios, aún más perversos y malintencionados, que condenan al ostracismo a muchos escritores latinoamericanos", sin olvidar a autores españoles. A los tres principios que rigen su trabajo -"convencimiento, riesgo y rigor"-, yo añadiría un entusiasmo contagioso que arrastra en su aventura a colaboradores de excepción como Juan Villoro o Enrique Vila-Matas.  

La sede de Candaya es un antiguo taller mecánico en la calle Sant Josep de Canet de Mar mutado en un agradable local en cuyas paredes cuelgan las fotos de los autores que ya habitan el universo de Candaya: el poeta paraguayo Elvio Romero -que nos dejó el pasado 19 de mayo, medio año después de ver publicada su primera antología en España-, el catalano-argentino Antonio Tello y el venezolano Ednodio Quintero . "Románticos incorregibles y creadores de acontecimientos literarios", como los definió la poeta argentina Teresa Martín Taffarel, Olga y Paco conciben cada libro que publican como una experiencia única en la que depositan la misma ilusión y entusiasmo. Candaya, editorial pequeña y modesta, no tiene departamento de prensa, ni correctores ni administrativos, ni todo eso que se supone que hay detrás de una empresa que publica libros. Ellos asumen esas funciones, desplegando una actividad incansable que empieza en la confección del libro y termina en las presentaciones públicas del recién nacido. Esas presentaciones son atípicas por la cantidad de gente que consiguen atraer -cosa nada fácil hoy en día-, por la calidad y la calidez del acto y por su broche final, que suele consistir en una lectura de algún poema o fragmento, acompañada de música en directo. La lista de cómplices se extiende más allá de las tierras catalanas, tejiendo una especie de red invisible que permite hacer presentaciones en otros puntos del mapa: Valencia, Lleida, Salamanca, Talavera de la Reina, Madrid o Palma de Mallorca.  

Candaya nace oficialmente en diciembre de 2003 con la publicación del primer libro de su colección de poesía ("Contra la vida quieta"), de Elvio Romero, pero su gestación se remonta a años atrás, cuando Paco crea en 1999 un portal de Internet sobre literatura hispanoamericana (www.sololiteratura.com) que, en poco tiempo, recibe un número considerable de visitas y el reconocimiento de escritores y lectores. En uno de sus innumerables viajes "al otro lado del charco", Olga y Paco visitaron Asunción (Paraguay) en el 2001 y tuvieron ocasión de conocer a Elvio Romero, "uno de los referentes más importantes de la poesía latinoamericana", según el poeta argentino Hamlet Lima Quintana. El siguiente año visitaron a Elvio en su casa de Buenos Aires, donde compartió con ellos sus recuerdos de infancia y juventud, su amistad con Rafael Alberti, Miguel Hernández, León Felipe, Pablo Neruda, Nicolás Guillen... Ninguno de los dos futuros editores entendían por qué Elvio, con una obra sólida y reconocida, no había sido publicado nunca en España, la tierra de sus admirados maestros. Así nació la idea de crear Candaya, con el objetivo de "reparar, aunque algo tardíamente, el olvido incomprensible de uno de los más intensos poetas de la lírica hispanoamericana". Contra la vida quieta es una antología de la obra poética de Elvio Romero formada por un centenar de poemas que recorren los 13 poemarios que publicó a lo largo de su vida y algunos poemas sueltos. Testimonio de los padecimientos de su pueblo, su obra puede encuadrarse dentro de la poesía social, aunque también reflexiona sobre el extrañamiento del exilio y la lírica amorosa. El libro incluye un cedé con la voz del autor recitando algunos poemas y de Rafael Alberti que declama el poema "Elvio Romero. Poeta paraguayo", además de una canción de Lizza Bogado. La publicación de cedés con la voz del autor que acompaña todos los volúmenes de poesía de Candaya es un valor añadido de la colección que los buenos lectores de poesía, sin duda, tendrán en cuenta.  

El segundo hijo literario de Candaya es Sílabas de Arena, el primer poemario de Antonio Tello, un poeta que penetra en "el íntimo territorio de las almas” y nos devuelve al asombro y al temblor de los misterios, para recuperar, como dice Cristina Peri Rossi en el prólogo, “la función sagrada de la poesía y detener lo fugitivo y conjurar el olvido". Tello, con un amplio currículum en el mundo de la literatura y el periodismo, vive en Barcelona desde que se exiliara de su país en 1975, tras ser amenazado de muerte por la triple A. Por eso ha sido en España donde ha desarrollado y publicado casi toda su obra literaria, entre la que destacan las novelas De cómo llegó la nieve, El hijo del arquitecto y Los días de la eternidad.  

La colección de narrativa de Candaya se inauguró en mayo con la novela Mariana y los comanches, de Ednodio Quintero , uno de escritores más importantes de la literatura venezolana actual. En palabras de Juan Villoro, autor del prólogo, "Mariana y los comanches ha sido escrita en la plenitud del oficio. El protagonista, un escritor de fama, revisa un manuscrito olvidado, tributario de una poética con la que ya no comulga, acaso más genuina que la que lo ha llevado al éxito. El texto convoca a una mujer real y a una mujer narrativa. ¿Es posible recuperar a una sin sacrificar a la otra? La disyuntiva entre vida y creación determina la obra". Enrique Vila-Matas, que presentó el libro en el Ateneu Barcelonés, define la novela como "una reflexión sobre el infierno del escritor".  

En estos momentos, Candaya tiene previsto publicar su segundo libro de narrativa Morir en agosto, del español Javier Martín, con prólogo de Enrique Vila-Matas. Desde estas páginas, le auguramos a la editorial un futuro prometedor como puente entre las dos orillas y difusora de los injustamente olvidados.  

Laura Grau