EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES

Sábado, 18 de marzo de 2006

Diego Trelles Paz publica una «novela de detectives sin detectives»

'El círculo de los escritores asesinos' subvierte el género policíaco

 

MARCOS TORÍO

 

PALMA.- Para encontrar la propia voz hay que apagar la del maestro, «un parricidio literario», dice Diego Trelles Paz. El escritor peruano aspira a silenciar la de su padre en la literatura, su admirado Roberto Bolaño, que le aconsejó «escribir con humildad». Y Trelles está en ello, homenajeando a los grandes pero buscando su sello con la publicación de su obra El círculo de los escritores asesinos (Editorial Candaya) que presentó ayer en el espacio Casatomada.


Con ella subvierte el género policíaco para crear una «novela de detectives sin detectives». El lector es «el que indaga» porque Trelles entiende la literatura de manera «horizontal». El libro pertenece, entonces, tanto al que lo escribe como al que lo lee. Juega con la duda y «descoloca» a quien abre sus páginas. Cuenta la historia de cuatro jóvenes escritores cinéfilos que, mediante unos manuscritos, pretenden mostrar diversos puntos de vista sobre el asesinato de un crítico literario.


Son cuatro voces distintas -idea tomada del cine, asegura el autor- que «cuentan y alteran» la realidad. «Me interesa la literatura en la que alguien miente y que el lector cuestione mi autoridad como autor», afirma Trelles. El aspecto de documento con anotaciones a pie de página contribuye a borrar las fronteras entre la verosimilitud y la pura invención.


La acción de la novela tiene varios escenarios que van desde Lima a Texas pasando por una isla caribeña perdida, algo que demuestra su «afán totalizador» y la influencia reconocida de Los detectives salvajes de Bolaño.


Retrata «oblicuamente» la realidad social de su ciudad natal, «ligada a lo marginal, al underground, a los artistos desplazados» y que «habla de un mundo beligerante y violento que dejaron los gobiernos de Alan García y de Fujimori». Esa visión entronca con las primeras obras de su compatriota Alfredo Bryce-Echenique donde «ridiculiza a la clase obrera» y se aleja de la imagen que ofrece Jaime Baily. En Vargas Llosa ve a un padre literario de la generación anterior a la suya y reconoce la influencia que tuvo en su estreno como literato: «Me di cuenta de que quería ser escritor al leer Los cachorros. Sigo pensando que es un gran escritor, pero a mí se me acabó».


El asesinato del crítico literario en su novela simboliza «la idea de poder que tienen en ciertos mercados periodistas o aprendices que pueden determinar con su opiniones la suerte de un libro». Es también un modo paródico de mostrar la oposición a la «institucionalización» de la Cultura.


El cine es «primordial» en su obra. Las influencias de Godard o Hitchcock en diferentes planos están presentes. Más explícita es la de la película Grupo Salvaje de Sam Peckinpach que también trata de «una lealtad que se destruye» y que ha inspirado la portada del libro junto con la estética de Reservoir Dogs de Quentin Tarantino.


Y, por supuesto, hay menciones a El Quijote de Cervantes, una novela que «nunca se acaba» y que «estando escrita en 1600 ya tiene todos los juegos literarios». Por eso, considera que es «la mejor novela de todos los tiempos».