26-07-2006

Diego Trelles: No volveré al Perú porque quiero vivir de escribir

Diego Trelles: Escritor peruano


"Desde niño supe que iba a ser escritor. De repente suena a cliché, pero es verdad. Y cuando postulé a la universidad escogí estudiar cine, pensando en seguir leyendo por mi cuenta. En ese sentido, siento que sigo siendo un cineasta frustrado", explica Diego Trelles.

Me decía que escribió El círculo de los escritores asesinos en París. ¿Por qué?


Porque no me gusta mucho Texas. Yo estudio en Austin, que es un lugar con mucha cultura, pero igual es Texas, el estado más conservador de Estados Unidos -el estado de Bush-. Hay mucho racismo. Sin ir muy lejos, la policía mató a un peruano hace poco. Y hay muchos cristianos extremistas. Es más, los domingos las licorerías no abren... para que la gente vaya a misa. Entonces, para escribir, tenía que irme. Y pensé seguir el sueño romántico de los escritores latinoamericanos. Era una idea bastante tonta, porque me fui sin dinero...

 

¿Es más fácil escribir sobre el Perú estando afuera?


Lo que pasa es que aquí uno tiene que chambear. La beca que obtuve, básicamente, me daba tiempo. Pero, más allá de eso, afuera uno siente cierta nostalgia... Hasta pueden gustarte Los No Sé Quién.

 

¿Fue fácil publicar El círculo...?


Fue muy difícil. Yo me fui del Perú pensando que nunca más iba a poder publicar aquí.

 

¿Por qué?


Porque en ese momento no había Estruendomudo, Matalamanga, Editorial San Marcos, ni ninguna de estas iniciativas de editores jóvenes que hay ahora y que son fabulosas. Uno tenía que hacerlo todo, y eso como que le quitaba el encanto a la literatura. Habiendo hecho la novela, fui a Barcelona para presentarla a un concurso -pensé que era el único camino- y, allá entré en contacto con los que luego hicieron el sello
Candaya. La leyeron y decidieron publicarla. Y hasta que salió, pasó otro año más, por las consabidas discusiones entre editor y autor.

 

¿Cambió mucho?


Le bajé como cien páginas. Antes de publicar, uno tiene que dar a leer su trabajo por lo menos a cinco personas en cuyo criterio uno confíe. Y si los cinco dicen que no se publique, uno no la publica y punto. Esa es, creo, madurez literaria: no querer tanto al hijo escrito.

 

¿Qué piensa de que Cueto y Roncagliolo, que prologó El círculo..., hayan ganado premios en Europa?


Creo que es una radiografía del momento de la literatura peruana. Actualmente se están publicando excelentes cosas. Hay ganas, hay talento aquí. Y los premios afuera solo lo confirman.

 

El círculo... es una novela policial particular, donde el detective es el lector.


Es un juego: una serie de manuscritos recopilados por un editor que les hace notas al pie de página. Esa idea la saqué de una obra de Nabokov. Lo del lector activo es una idea que está en Roberto Bolaño. Y me gusta eso, que el lector dude, que invente, como en las buenas películas.

 

Los personajes son unos intelectuales poseros insoportables.


Al final son unos grandes conocedores cuya sabiduría se derrumba cuando quieren gustarle a la chica que entra en el grupo, que es una blanquita renegada, medio intelectual. Trato de acercarme a esos grupos marginales que existen en Lima -sobre todo que existían- que se decían revolucionarios. Pero lo que me sorprendía era que en todos esos grupos había una chica blanca, bonita, una burguesa rebelde. Y todos querían tirársela. Entonces, el discurso de igualdad se iba al tacho porque el patrón de belleza resultaba siendo la mujer blanca.

 

Y terminan cayendo en la filosofía de cantina -de hablar y no hacer nada-, aunque sí asesinan al crítico literario. Ese es un comentario también...


El libro está ambientado en la caída de Fujimori. Y en ese momento era difícil tener acceso a los medios. Solo accedían los recomendados o los amigos. No llegaba a ser una mafia, pero los que estaban en los pocos espacios que había solo se lamían entre sí. Y quien diga que no era así, miente.

 

Bolaño es su referente literario.


Creo que Roberto Bolaño es el mejor escritor latinoamericano de los últimos 20 años. Él y su generación revaloraron los mal llamados géneros menores -como el policial, el erotismo, el terror-, revitalizaron la literatura dejándose de solemnidades. Y yo andaba huérfano de padre literario. No podía escribir como Vargas Llosa, y Bolaño me pareció tan diferente y tan bueno que me metí en su trabajo.

 

¿Llegó a conocerlo?


Le mandé una carta manuscrita -yo había conocido a su traductor- y me contestó. Me dijo que estaba muriendo -lo que todos sabíamos- y que se había dado cuenta de que había que escribir con humildad. Me recomendó hacerlo siempre así. Yo le escribí de nuevo para conocerlo y no me contestó más. A las dos semanas me enteré de que había muerto. Pero ese encuentro fue tan importante que yo sentí que no andaba equivocado y que tenía que terminar mi novela como fuera, aunque no fuera a ganar nada con ella.

 

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