LA MARAÑA

La silla vacía

Hoy que se escribe tanto, que se edita tanta basura, hay que regresar a lo esencial. Gestos mínimos y ternura

LOURDES DURÀN

Estoy sentada a la mesa con Avelino, Teresa, los amigos. El vino rojo corre de vaso en vaso como una lengua de risas, haciéndose collar en nuestras gargantas mientras escuchamos historias, retazos de vidas. Salen de su escondite palabras que sólo un prestidigitador del verbo como Avelino Hernández puede hacer dibujo en un tapiz de papel o en el espacio infinito de una conversación. Se hablan de las cosas serias quitándoles gravedad y de las cómicas acaba estallando el llanto. Por la risa, por la vida.


* Hay una silla vacía en la mesa, sólo que yo, y creo que todos los que estamos reunidos en ella, estamos escuchando, una vez más, las historias de Avelino. Era hombre locuaz, era oreja atenta, sobre todo. Su libro Mientras cenan con nosotros los amigos, escrito al paso de los años, macerado día a día, incluso en las jornadas en que la muerte ya se le había anunciado, es testimonio de la grandeza de Avelino. Lo leo, lo releo, porque me resisto a que él ya no esté. No me resisto a la muerte, que sé bien que está pegada a la vida, acechándonos a todos; me rebelo a que él ya no esté. Porque sabed que le oigo, le huelo, le presiento, sé que está entre todos nosotros, repartiendo vida como hizo en la vida.
¡Qué grandeza aquélla de quien para despedirse escribe un Poema de Amor, destinado a Marta, a los amigos, a Teresa, a todos nosotros, a todos los que hoy puedan disfrutar de un libro que no es una novela cualquiera. Atiendan bien. Hoy que se escribe tanto, se edita tanta basura, hay que regresar a lo esencial. ¿Y qué es lo esencial? Gestos mínimos, la ternura, la sabiduría hecha de surcos y grietas, de unos cuantos muchos tropezones, de compartir, sobre todo, compartir. Salgamos de estas cavernas individuales que nos está construyendo esta vida de neopreno.

* La silla no está vacía porque Mientras cenan con nosotros los amigos regresamos a la vida en toda su tragicomedia. Marta no contesta las cartas "porque tu forma de comunicación es distinta". Marta también sabe que la silla no está vacía. "Nos hemos propuesto hacer del tiempo que nos queda juntos un poema de amor", escribe Avelino yéndose ya, cayendo el roble que fue. Teresa también sabe que la silla no está vacía, aunque llore a solas, tantas veces. ¿Cómo vivir?, se preguntó toda la vida Avelino. Busquemos cada cual la respuesta. Sólo tengo una: amando.

Diario de Mallorca, Domingo, 12 de junio de 2005