SET DE SIETE

  

 

Vigencia de la belleza

 


JOSEP VIDAL VALICOURT

Atendamos a Platón, para quien la experiencia de la belleza implica verdad. Apaleados por el cinismo, estamos en un tris de abdicar de semejante experiencia. Tras el cacareo ferial y libresco, que apenas he frecuentado, me concentro en ese libro encantador de Gadamer que lleva por título La actualidad de lo bello. Sin embargo, una vez leídas suficientes páginas, las reflexiones del filósofo alemán me conducen a Avelino Hernández y a J. C. Llop. En concreto: a ese libro sobrecogedor del escritor soriano que se titula Mientras cenan con nosotros los amigos y a los excelentes poemas que componen La Dádiva. Nunca la experiencia de la muerte ha sido tan bella. Y la belleza, tan dolorosa. "Ya tiene escrita fecha en no sé cuál de mis vísceras el no ser; pero Teresa va a seguir viviendo", escribió con extrema lucidez Avelino Hernández poco después de tener noticia del diagnóstico fatal. Admirable el temple. Toda una escuela de vida, narrada con una sencillez que desarma. Nada de llantinas ni de expresar lástima por uno mismo. El libro está recorrido por una corriente de vida plena, bien alimentada por la amistad y por el amor. Un libro que desemboca, como la vida misma, en la muerte. En una muerte demasiado impaciente. El tramo final de este libro es una verdadera apoteosis de la vida, un auténtico canto vital de quien ya vislumbra el no ser. Por otra parte, la historia o, mejor dicho, las historias que componen Mientras cenan con nosotros los amigos, conmueven por el cariño, por el mimo que demuestra Avelino en contarnos pequeñas escenas de la vida cotidiana. Pequeñas escenas que se vuelven grandiosas, precisamente por el buen hacer del autor, de este artesano de la palabra que, como muy bien observó Pedro Andreu, sabe narrar la sencillez mediante una estructura narrativa vanguardista. Leer a Avelino Hernández es leer su vida, y no todos los escritores pueden presumir -desde luego, él no era de los que presumían- de aunar en su obra gozo estético y propuesta ética. Otra vez: verdad y belleza bien articuladas, amantes para toda la vida, como Teresa y Avelino.

La Dádiva, de J. C. Llop, un libro de poemas que también participa de la verdad y la belleza. Efectivamente, el libro hace honor al título. Es decir: un don, un regalo. El poeta lo concibe de esta manera, como algo que le ha sido otorgado y que, cual humilde servidor, trata de expresarlo mediante las palabras. El poeta siente la obligación moral de manifestarlo y no guardarlo bajo llave, celoso de su tesoro. Pues la humildad no reside en el pudor del ocultamiento, sino en esa serenidad de mostrarlo. Por supuesto, de mostrarl
o sin gran ruido, sino como debe ser: mediante un hermoso libro. Este libro, verdadero y bello, bello en su verdad, verdadero en su belleza también es una lección moral. Uno, leyéndolo, percibe una declaración de amor a la vida, a la propia escritura, a los hijos, a la mujer, a los paisajes que dejan huella, a los lugares deseados, al mismo oficio de escritor, que no va mucho más allá del que fabrica pequeñas cestas con huesos de cereza. Estos poemas son "lámparas en una casa a oscuras."

 

Diario de Mallorca, sábado 18 de junio de 2005