ADN Cultura – La Nación, Argentina

 

Novelar la experiencia

Sábado 25 de octubre de 2008 | Publicado en la Edición impresa 


"Quedan pocos días hasta un nuevo cumpleaños, y si decido comenzar de este modo es porque dos amigos a través de sus libros me hicieron ver que estas fechas pueden ser motivo de reflexión, y de excusa o de justificación, sobre el tiempo vivido." El inicio de Mis dos mundos, la nueva novela del escritor argentino Sergio Chejfec, parece anunciar que estamos ante otro ejemplar de lo que en los últimos años ha prevalecido en las escrituras del yo, esto es, una literatura preferentemente narrativa que focaliza en las vivencias de una primera persona, haciendo explícitos los cruces entre biografía y ficción, y asumiendo muchas veces el patetismo confesional. Sin embargo, si bien el centro de esta elaborada narración es una primera persona de profesión escritor, muy lejos estamos de esos relatos que buscan confesarnos el preciado secreto de la intimidad de quien narra, sobrevalorado en su atractivo por este mismo gesto confesional, como si lo privado fuese un motivo literario interesante de por sí.


En Mis dos mundos, al igual que en muchas novelas anteriores de Chejfec, lo que predomina no es la jactancia, ni siquiera lo efectivamente vivido, sino el rastreo literario exigente, lúcido, de aquello que apenas comienza a diseñarse en la percepción, de los recuerdos que retornan pero sin demasiada densidad, de la relación siempre extrañada de un sujeto con los objetos y el espacio, testigos de una existencia siempre dubitativa y en constante tanteo de definiciones provisorias.

Mis dos mundos recupera la larga caminata que el narrador realizó en busca de un gran parque (y luego, dentro del parque mismo) durante una tarde en una ciudad del sur de Brasil. Pero lo que en realidad encierra la caminata como motivo de la escritura es la posibilidad de arrancarle a lo incidental y a lo mínimo una realización verbal única, una densidad sólo concretable dentro del particular universo novelístico de Chejfec. En este sentido no puede hablarse de un "argumento" o de una historia lineal en esta novela, sino de una escritura que inventa su propio referente gracias al efecto estético de sus palabras, gracias a la relación inversamente proporcional que se entabla entre la indeterminación o la futilidad de lo vivido durante la caminata, y la densidad constructiva de la frase, del párrafo, de la página. No se trata de "poetizar" la experiencia, sino justamente de "novelarla", desde una concepción de la novela sin dudas cercana a la de Juan José Saer, aunque de concreción diferente.


Los dos mundos del título representan, en gran parte, las dos esferas entre las cuales la escritura de Chejfec busca instalarse: "La inmovilidad, la espera y todas las situaciones relacionadas, por un lado, y las acciones y los intercambios con el prójimo, por otro. Yo buscaba el límite delicado entre ambas partes, como si viviera bajo protesta en cada uno de ambos mundos."


Autor de notables novelas como El aire (1992), Boca de lobo (2000) y Baroni: un viaje (2007), Chejfec ha vivido quince años en Venezuela, y actualmente reside en Nueva York. Beatriz Sarlo ha señalado en diferentes artículos la "sorprendente y a veces inexplicable originalidad" de su literatura. Este pequeño relato ofrece un nuevo momento de ese inusitado tono personal.

 

Soledad Quereilhac